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Liderazgo Humanista en la Revolución de la Inteligencia Artificial: Construyendo Organizaciones Conscientes para un Futuro Sostenible

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Por: Ricardo Alanís Tamez, CTO de Fleet App


En un mundo donde la inteligencia artificial (IA) se perfila como el motor de la cuarta revolución industrial, nos encontramos en un punto de inflexión. No es solo una transformación tecnológica; es un cambio profundo que redefine cómo trabajamos, cómo producimos y, sobre todo, cómo nos relacionamos como sociedad. Como líderes empresariales familiarizados con los principios del capitalismo social, sabemos que este momento exige más que eficiencia económica: requiere una visión humanista que priorice la dignidad humana y el bien común. En Monterrey, cuna de un empresariado que ha forjado su legado en la integración del desarrollo económico con el social, esta cultura no es opcional; es esencial para navegar la IA con responsabilidad y propósito.


Recordemos brevemente el contexto que nos reúne en esta reflexión. A lo largo de tres sesiones informales en el Centro Eugenio Garza Sada, un grupo diverso de empresarios, tecnólogos, historiadores y consultores –muchos de nosotros egresados del programa Capitalismo Social Aplicado– exploramos el impacto de la IA. Partimos de conversaciones abiertas sobre tensiones como productividad versus dignidad, evolucionando hacia un análisis estructurado de nuestros cuatro principios fundacionales. El proceso fue orgánico: cada participante invitó a un más uno, incorporando perspectivas optimistas y escépticas, lo que enriqueció nuestra visión colectiva. No buscamos reinventar el Manifiesto del Capitalismo Social, sino aplicarlo a esta nueva realidad, reconociendo que sus pilares –libre emprendimiento, respeto a la dignidad humana, compromiso social y liderazgo humanista– siguen vigentes, pero demandan adendos contextuales para enfrentar la IA.


Esta experiencia no fue un mero ejercicio intelectual; fue un recordatorio vivaz de por qué el empresario regio debe encarnar esta cultura. Inspirados en figuras como Eugenio Garza Sada, quien vio el negocio como un vehículo para el florecimiento humano, nos dimos cuenta de que la IA amplifica tanto oportunidades como riesgos. En una región como Nuevo León, donde el empresariado ha impulsado históricamente el progreso social –desde la fundación de instituciones educativas hasta iniciativas de bienestar comunitario–, ignorar el lado humano de la IA sería traicionar ese legado. La cultura regiomontana, con su énfasis en el trabajo duro, la innovación ética y la responsabilidad cívica, nos posiciona para liderar globalmente en este terreno. Pero requiere conciencia: no adoptar la IA por moda, sino con intención, asegurando que beneficie a todos los stakeholders.


Los datos duros sobre el impacto de la IA nos obligan a esta conciencia. Según proyecciones de McKinsey y Goldman Sachs, la IA podría agregar cuanto menos 20 billones de dólares a la economía global para 2030, representando cerca del 3.5% del PIB mundial, con un crecimiento anual del mercado del 37%. En México, las vacantes relacionadas con IA han pasado del 2.2% en 2021 al 3.6% en 2024, y el 95% de las empresas planea adoptarla en los próximos cinco años. Sin embargo, esta promesa viene con sombras: podría automatizar el 30% de las horas trabajadas actuales, afectando hasta 300 millones de empleos globales, incluyendo 26 millones en México en una década. Aunque se crearán millones de nuevos puestos, se desplazarán otros tantos millones, resultando en una potencial pérdida neta. Estos números no son alarmismo; son un llamado a actuar con los lentes del capitalismo social, donde el libre emprendimiento se subordina a la ética y el bien común.


En nuestra experiencia compartida, emergió claramente la necesidad de esta conciencia en el “capitalismo IA”. La IA no es neutral: acelera la productividad en sectores expuestos pero también polariza. Sin guía humanista, podría exacerbar desigualdades, creando “one-man billionaires” mientras precariza el trabajo. Aquí radica la importancia del capitalismo social: nos equipa para transformar estos desafíos en oportunidades. Por ejemplo, el principio de libre emprendimiento nos insta a democratizar el acceso a la IA, apoyando plataformas abiertas y alianzas que permitan a pymes competir, evitando la concentración de riqueza. En las sesiones, discutimos cómo esto se alinea con la tradición regia de fomentar ecosistemas inclusivos, como las colaboraciones entre empresas y universidades locales.


El respeto a la dignidad humana, pilar central, nos obliga a ver la IA como un “copiloto” que libera a las personas de tareas repetitivas, no como un reemplazo. En nuestras mesas, compartimos preocupaciones sobre la deshumanización del trabajo: algoritmos que gestionan gig economy sin protecciones, o sistemas que erosionan la autonomía al crear cámaras de eco. Pero también vislumbramos soluciones: invertir en reskilling, donde el un gran porcentaje de la fuerza laboral que necesita capacitación reciba programas enfocados en habilidades humanas únicas –creatividad, empatía, pensamiento crítico–. Para el empresario regio, esto significa extender esa cultura de bienestar –salarios justos, entornos seguros– a la era digital, asegurando transiciones dignas con indemnizaciones y reubicaciones.


El compromiso social amplía esta visión: los beneficios de la IA deben compartirse. En las discusiones, coincidimos en que la IA podría agravar la brecha educativa y social, pero con liderazgo proactivo –como autorregulación ética antes de normativas gubernamentales– podemos mitigar esto. Ejemplos como la actuación de empresas regiomontanas en sostenibilidad ambiental nos inspiraron: dedicar ganancias de IA a iniciativas comunitarias, como alfabetización digital en escuelas locales. Esto no solo cierra brechas; fortalece el tejido social que ha hecho de Monterrey un hub de innovación.


Finalmente, el liderazgo humanista nos convoca a actuar con empatía y visión. En nuestras sesiones, validamos que el Manifiesto no necesita modificación, pero sí un framework aplicado: el documento “La era de la Inteligencia Artificial” que surgió de nuestro trabajo. Este adendo detalla problemáticas por principio –desigualdad en emprendimiento, precarización en dignidad– y propone adiciones como emprendimiento equitativo y dignidad en la transición tecnológica. Incluye un marco práctico para decisiones: preguntas como “¿Genera valor equitativo?” o “¿Aumenta la dignidad?”. Compartimos este espacio –disponible en capitalismosocial.mx/ia– como un recurso vivo, invitando a iterarlo en hackathons o conversaciones futuras.


Esta experiencia nos dejó una certeza: la IA no es inevitablemente disruptiva; su impacto depende de nosotros. Para el empresario regio, abrazar el capitalismo social en esta era significa liderar con conciencia, honrando nuestra herencia de transformación social.

 
 
 

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La Iniciativa Capitalismo Social es un proyecto del CENTRO EUGENIO GARZA SADA. Para mayor información sobre el Centro y sus actividades, da clic aquí

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