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Recuperar el valor. Ideas audaces para cambiar el capitalismo

Foto: World Economic Forum

Este artículo es parte de Capitalismo Futuro, una sección de la Iniciativa Capitalismo Social para destacar las principales ideas y tendencias que impulsan la evolución del sistema por parte de pensadores e instituciones de alta influencia.

Tiempo de lectura: 6 minutos

IDEAS CLAVE

01.

Necesitamos una discusión más profunda de lo que significa crear valor en la economía.

02.

Debemos hacer la distinción entre las actividades que crean, extraen y destruyen valor.

03.

La creación de valor es un proceso colectivo entre los stakeholders de una empresa, incluyendo sus empleados y comunidades de operación.

04.

La pandemia nos ha hecho cuestionarnos qué actividades realmente aportan valor a la economía y a la sociedad.

¿Cómo se define lo que es valioso para una economía, y más aún, para una sociedad? Desde esta reflexión sobre el concepto actual del valor -y la necesidad de repensarlo- parte buena parte del trabajo de Mariana Mazzucato, economista italoamericana y profesora de Economía de la Innovación y el Valor Público en University College London.

 

No todos los días un medio califica a una académica como “la economista más temible del mundo”, como lo hizo The London Times, para referirse a la cualidad disruptiva de Mazzucato. Está claro que la profesora abraza la etiqueta, pues afirma que “está en una misión para salvar al capitalismo de sí mismo”.

 

Su nombre aparece cada vez más en los principales foros donde se discute el futuro de las economías y del sistema capitalista:  ha conversado con Klaus Schwab en el World Economic Forum, el Papa ha citado sus ideas en su pensamiento teológico-económico, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la contrató en 2020 como Presidenta del Consejo sobre la Economía de la Salud para Todos en el marco de la crisis del COVID-19. 

 

Este Consejo, anunciado en noviembre pasado por el Dr. Tedros Adhanom, Director General de la OMS, se enfoca en los vínculos entre las inversiones en salud y lograr un crecimiento económico más sustentable, incluyente y guiado por la innovación.

 

Durante la pandemia, Mazzucato ha sido referente constante a través de publicaciones como Foreign Affairs, Time, The New York Times y The Guardian, insistiendo en la importancia de crear valor en la economía y destacar el rol que tienen tanto el sector privado como el sector público para lograr hacer frente a este reto histórico, innovando el capitalismo en el proceso.

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Las economías pueden hacerse y moldearse a través del miedo, pero también a través de la esperanza.

- Mariana Mazzucato

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Fotos: World Economic Forum

Recuperando el concepto de valor

En su libro El valor de las cosas: Quién produce y quién gana en la economía global, Mazzucato define al valor económico como la producción de nuevos bienes y servicios. Sin embargo, para precisar qué significa el valor en cualquier dado momento, hay varias preguntas necesarias: ¿Cómo se produce el valor? ¿Cómo se comparte y distribuye? ¿Qué se hace con las ganancias? y ¿Es útil para la sociedad?

 

La economista hace una distinción entre los creadores de valor (makers) y extractores de valor (takers). Los primeros implican la interacción de diversos recursos que producen nuevos bienes y servicios para una economía, mientras que los segundos solo mueven recursos existentes creando ganancias desproporcionadas que no necesariamente contribuyen a la sociedad.

 

Tradicionalmente, para definir qué tan valiosa era una actividad, había que categorizarla por su productividad: si era productiva, como los sectores industriales y manufactureros, era valiosa, pero si no era productiva, como en el caso de las actividades que capturaban renta, estaba fuera del límite de lo considerado como valioso para la sociedad.

 

Sin embargo, Mazzucato argumenta que en años recientes el valor se ha vuelto totalmente subjetivo y regido por las preferencias del mercado, tergiversando su definición. Hoy, si el mercado considera o clasifica a un servicio o bien como “valioso”, y por tanto tiene un precio alto, se percibe que lo “es”. 

 

En este sentido, su trabajo implica una crítica a la “narrativa” -hasta ahora exitosa- en que los extractores de valor han buscado proyectarse como creadores. Entre más subjetiva se vuelve esta definición, explica la profesora, es más probable para compañías de ética cuestionable hacerse pasar como creadoras de valor.

 

Un ejemplo de lo anterior son compañías financieras que afirmaban estar creando valor cuando, por ejemplo, vendían instrumentos financieros que sabían podían derivar en burbujas especulativas, conduciendo a una crisis de escala global como la de 2008.

 

Otra limitante a la concepción actual del valor es que deja fuera el rol de otros stakeholders como los gobiernos y las universidades, desde donde se ha creado y transferido conocimiento -muchas veces a través de fondos públicos- para tomar riesgos y crear algunas de las innovaciones más trascendentes del último siglo, como el mismo Internet y el sistema GPS. Esto ha permitido que la iniciativa privada a su vez desarrolle múltiples innovaciones que crean nuevos productos y servicios.

 

Mazzucato invita a examinar y debatir públicamente el concepto de valor para entender qué tipo de actividades realmente extraen o destruyen valor, y cuáles lo crean. Al mismo tiempo, aboga por una discusión más profunda sobre cómo se deben estructurar las actividades económicas para conseguir un crecimiento más inteligente, más sustentable y más incluyente. 

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El Covid ha afinado nuestro enfoque acerca de lo que es valioso en una economía, es decir, aquello a lo que podemos ponerle un precio y lo que podemos comerciar.

— Mariana Mazzucato

La financiarización de la economía:

¿los accionistas ante todo?

 

Durante los años setenta hubo un economista cuyas ideas influyeron a una generación entera de estudiantes de negocios y empresarios: Milton Friedman. De acuerdo a la también Directora del Instituto para la Innovación y el Valor Público, Friedman argumentaba que quienes tomaban el mayor riesgo en una empresa eran sus accionistas y, por tanto, debían recibir la mayor compensación.

 

Esta idea fue echando raíces, lo que provocó que la creación de valor se concentrara en los accionistas, quienes lógicamente son un grupo de interés legítimo, pero no el único. Este desbalance provocó que fuera cada vez menos prioritario asignar mejores salarios a los trabajadores o brindar atención al impacto social o medio ambiental de la empresa.

 

La profesora argumenta que esto formó a una generación de empresarios y empresas más preocupada por el rendimiento trimestral que por el largo plazo, y a accionistas que presionaban a sus administradores para generar resultados lo más rápido posible.

 

Bajo estos incentivos y buscando maximizar la paga ejecutiva, el empresariado empezó a desarrollar cada vez más instrumentos financieros y especulativos, inclusive en sectores tradicionalmente productivos como el automotriz, que les permitían extraer valor al mismo tiempo que creían estar generándolo.

 

La creación de valor

 

El centro del argumento de Mazzucato es que el paradigma iniciado por Friedman no corresponde a cómo se crea el valor en realidad: es un proceso colectivo entre empleados, proveedores, las comunidades de operación y otros actores como la academia y el gobierno. Todos estos actores asumen riesgos y muchos, en especial en caso de la innovación tecnológica, lo hacen sin un retorno garantizado.

 

Por tanto, el propósito de una empresa debe cambiar para crear el mayor valor posible para todos estos stakeholders y las decisiones ejecutivas deben ser un balance de compromisos para llegar a esta meta. Se debe recompensar al sector privado por hacer decisiones a largo plazo, en especial si implican una inversión sustanciosa en acciones como el entrenamiento para trabajadores.

 

Para Mazzucato, los debates y críticas sobre el sistema económico son importantes, pero intrascendentes a menos que discutan los procesos a través de los cuales se crea el valor. Además afirma que una vez entendido este concepto, debemos definir y medir la contribución colectiva a esta creación de valor. En vez de asumir ciegamente lo que el mercado dice respecto a quien crea valor, hay que comprobar que realmente lo haga.

 

Esto la lleva a enfatizar que los mercados no deben considerarse leyes naturales en sí mismas, sino resultado de los procesos e interacciones humanas. Esto implica que es posible modificarlos para generar los resultados que queremos: un crecimiento verde que priorice al medio ambiente, a las personas y a las metas sociales propias a los retos del siglo XXI.

 

Tras la pandemia: reenfocar el valor y actuar con audacia

 

La pandemia ha obligado a reflexiones profundas y urgentes sobre la realidad de nuestras economías y nos invita a ser más atrevidos, a soñar como nunca antes para buscar soluciones colaborativas a los magnos retos globales que enfrentamos, considera. 

 

Mazzucato señala que “el Covid ha afinado nuestro enfoque acerca de lo que es valioso en una economía, es decir, aquello a lo que podemos ponerle un precio y lo que podemos comerciar. Resulta que las áreas que solíamos pensar como de “alto valor” -como el sector financiero e inmobiliario- no son los componentes fundacionales de la sociedad. El virus llevó a los gobiernos a definir el trabajo “clave” o “esencial”: la ciudadanía más valiosa e irremplazable que son aquellos que trabajan en el sector salud, en cuidados, en la educación, en el transporte público, en supermercados y en servicios de paquetería, por ejemplo”.

 

Adicionalmente, recuerda que la mayoría de estos trabajos son ocupadas por mujeres y personas de color en lugares como Europa y EEUU, muchos de ellos en condición vulnerable, por lo que apoyarles y protegerles es una decisión de política pública, como cualquier otra.

 

Mazzucato es optimista, y en grande: su nuevo libro se titula “Misión: Economía. Una guía audaz para cambiar el Capitalismo”, donde afirma que incluso antes de la pandemia, el capitalismo ya se encontraba entrampado, pues le faltaban respuestas para múltiples problemáticas como enfermedades, la desigualdad, la disparidad digital y la crisis ambiental.

 

El texto se inspira de las célebres misiones que lograron llevar al ser humano a la luna, coordinando con éxito a los sectores público y privado en una escala masiva. La profesora afirma que precisamente ese nivel de audacia y experimentación debe ser aplicado a los grandes problemas de nuestro tiempo, repensando las capacidades y el rol del gobierno en la economía y la sociedad, recuperando sobre todo un sentido de propósito público.

 

La economía puede moldearse. Las empresas y los gobiernos cooperar. Todos los grupos de interés pueden beneficiarse y, sobre todo, puede mirarse más alto: si un día llegamos a la luna, como especie humana somos capaces de detener el cambio climático o de evitar que exista el hambre en el mundo, si tenemos la osadía. Quizá por eso Mazzucato afirma que las economías pueden hacerse y moldearse a través del miedo, pero también a través de la esperanza.